Familia · 15 de octubre de 2026
El divorcio contencioso: paga el doble por no decidir
Lo que de verdad cuesta pelearse, y quién acaba decidiendo cuando usted deja de hacerlo.
Es la primera pregunta que hace todo el mundo y la que casi nadie contesta con honestidad: cuánto cuesta divorciarse. Voy a contestarla sin cifras, porque las cifras dependen del asunto y porque lo importante no es el número. Lo importante es la estructura, y la estructura sí se puede explicar.
Un divorcio de mutuo acuerdo tiene un precio que se sabe desde el principio. Se trabaja el convenio, se firma, se ratifica, y ahí termina. Es previsible.
Un contencioso, no. Como orden de magnitud, cuente con el doble. Pero el doble es el suelo, no el techo, y esa es la parte que nadie le cuenta.
Lo que no está en el presupuesto
La minuta del abogado es solo una parte. En un contencioso aparecen gastos que en un mutuo acuerdo sencillamente no existen:
- Periciales. Un informe psicológico privado, una valoración de bienes, una tasación.
- Contrapericiales. Porque si el informe que aporta la otra parte le perjudica, va a querer rebatirlo. Y rebatir un informe cuesta otro informe.
- Detectives. Cuando hay que acreditar hechos que no se prueban de otra manera. Una semana de seguimiento se mueve en el entorno de los tres mil euros. No es barato.
- Lo que viene después. Ejecuciones cuando el otro no paga, modificaciones de medidas cuando las circunstancias cambian, recursos. Un contencioso mal cerrado no termina con la Sentencia: la Sentencia es el principio de la siguiente fase.
Un apunte que casi nadie conoce y que en la Comunitat Valenciana marca diferencias reales: en Valencia capital el gabinete psicosocial adscrito a los juzgados de familia es gratuito. En otros partidos judiciales, según cómo se plantee la prueba, esa pericial puede acabar costándole dinero. Cómo se pida cada prueba, y ante quién, tiene consecuencias económicas directas. Es una de las cosas por las que se paga a un abogado, y de las que menos se hablan.
El bolsillo del que sale
Voy a decir algo que no me conviene comercialmente.
Ese dinero sale de un sitio concreto. No sale de una partida abstracta de gastos jurídicos: sale del mismo bolsillo del que salen el colegio, las extraescolares, la ortodoncia y las vacaciones de sus hijos. Cada euro que dos padres se gastan en discutir es un euro que no llega a los niños por los que dicen estar discutiendo.
Yo vivo de esto, y con un contencioso gano más que con un acuerdo. Precisamente por eso se lo digo.
Lo caro no es el dinero
Y aun así, el coste económico no es el peor. El peor es este.
Cuando usted firma un convenio regulador, decide usted. Con quién duermen los niños, cómo se reparten las vacaciones, qué se hace con la casa. Puede negociarlo, ajustarlo y adaptarlo a su vida.
Cuando usted va a un contencioso, entrega esa decisión a un tercero. Y ese tercero es un juez que no conoce a sus hijos. No lo digo como reproche: lo digo como constatación de una responsabilidad que a mí me parece enorme. Un juez de familia decide sobre la vida cotidiana de un menor al que ha visto, como mucho, una vez en una exploración, apoyándose en un informe psicosocial y en lo que dos abogados le hemos contado en una vista. Hace lo que puede, y normalmente lo hace bien. Pero decide sin conocerlos.
Ese es el verdadero precio del contencioso: usted paga el doble o más para que decida alguien que sabe de su familia infinitamente menos que usted.
Cuándo sí hay que pelear
No todo se arregla con un acuerdo, y sería deshonesto sugerirlo. Hay situaciones en las que el contencioso no es una opción, es una obligación: cuando hay violencia, cuando hay riesgo para el menor, cuando la otra parte oculta patrimonio, cuando simplemente no hay nadie enfrente dispuesto a negociar de buena fe. En esos casos hay que ir, y hay que ir con todo.
Lo que hay que evitar es el contencioso por inercia. El que empieza porque nadie quiso ser el primero en llamar, o porque alguien tenía razón y quería que se lo dijera un juez. Tener razón es un lujo carísimo, y en derecho de familia se paga en dinero, en tiempo y en la relación que usted va a tener que mantener con esa persona durante los próximos quince años, quiera o no.
Pregunte siempre, antes de empezar: ¿qué es exactamente lo que estamos discutiendo, y cuánto va a costar discutirlo? Si la respuesta es que lo que se discute vale menos que la discusión, ya tiene su respuesta.
Antes de empezar un divorcio
Puede llamarme al 650 398 768 o escribir a hectorh@icav.es y lo vemos en una primera consulta. Si ya hay un acuerdo sobre la mesa, en «Firma aquí: el convenio regulador» explico qué conviene mirar antes de firmarlo, y en divorcios y familia, cómo trabajo estos asuntos.
Este artículo tiene finalidad divulgativa y no constituye asesoramiento jurídico. Cada supuesto exige un análisis individualizado.