Penal · 4 de octubre de 2026
La trampa amable: cuando le invitan a pasarse por comisaría
Una llamada educada, una invitación a «pasarse cuando le venga bien» y, muchas veces, una detención esperando dentro. Por qué no debe ir solo y qué decir antes de colgar.
La llamada siempre es educada. Buenos días, ¿es usted fulano de tal? Mire, nada, que tenemos aquí una cosa que notificarle, ¿podría pasarse por comisaría cuando le venga bien? Y ahí acaba la conversación. Nadie le dice que está siendo investigado. Nadie le dice que puede ir con abogado. Nadie tiene por qué decírselo.
La persona cuelga y hace el razonamiento más humano del mundo: si yo no he hecho nada, ir con abogado va a parecer que sí. Voy, aclaro lo que sea, contesto cuatro preguntas y me vuelvo a casa.
Y entra por su propio pie.
Nadie le dice que puede ir con abogado. Nadie tiene por qué decírselo.
Lo que pasa cuando llega
A veces, efectivamente, es una notificación y se vuelve a casa. Pero en mi experiencia, cuando la llamada es así de vaga, lo que hay al otro lado es una detención esperando. Se cierra la puerta, se le informa de que está detenido y empieza otra cosa completamente distinta.
Y lo que empieza es una espera. Puede durar horas. En ese tiempo su familia no sabe nada, usted no tiene reloj, no sabe qué han declarado otros, y la información que maneja sobre su propia situación es un resumen de dos frases. Es un limbo, y ese limbo no es un accidente del sistema: es el estado en el que resulta más fácil que alguien hable.
Cuando llega el abogado
Entonces me llaman a mí. Tengo tres horas legales desde que recibo el encargo para personarme, y voy siempre antes, porque hay una persona privada de libertad y para mí eso paraliza el resto del día.
Llego, y llego con las manos vacías.
La Ley de Enjuiciamiento Criminal reconoce al detenido y a su letrado el acceso a los elementos de las actuaciones que resulten esenciales para impugnar la legalidad de la detención, y reconoce también el derecho a una entrevista reservada con el cliente antes de la declaración. Sobre el papel es un sistema garantista y bien diseñado.
En la práctica, y hablo de lo que yo he vivido, ese acceso se resuelve muchas veces en un relato verbal de tres líneas y en la lectura de derechos. He hecho constar por escrito mi protesta más de una vez por ello. Y a continuación, con eso, se me pide que asista a mi cliente en una declaración que puede condicionar los siguientes años de su vida.
No he leído el atestado. No sé qué pruebas hay. No sé qué han dicho otros. Y me piden que le deje hablar.
Por qué le voy a decir que no declare
Mi consejo en comisaría es prácticamente siempre el mismo: no declarar. Y quiero explicar por qué, porque hay un malentendido muy extendido que hace mucho daño.
No declarar no es la estrategia del culpable. No declarar es lo único sensato cuando nadie —ni usted ni yo— sabe todavía de qué se defiende. Una declaración es un acto que se prepara: se lee el asunto, se contrasta con el cliente, se decide qué se dice y cómo. Improvisarla a las cuatro de la mañana, agotado y con miedo, no ayuda al inocente. Le perjudica, porque cualquier imprecisión suya quedará escrita y se le opondrá durante todo el procedimiento.
Y aquí está el dato que desactiva el miedo de casi todo el mundo: guardar silencio hoy no le cierra ninguna puerta. Si mañana, ya con el expediente delante, decidimos que lo que le conviene es reconocer los hechos, se reconocen. Se puede declarar ante el Juzgado, se puede reconocer en un momento posterior del procedimiento, y ese reconocimiento sigue teniendo recorrido jurídico. Lo que no se puede es borrar lo que se dijo a las cuatro de la mañana sin saber nada.
El silencio no cierra opciones. La declaración improvisada sí.
Qué hacer si le llaman
- Pregunte en calidad de qué se le cita. Tiene derecho a saber si va como testigo, como denunciado o como investigado.
- No vaya el mismo día. Salvo citación judicial formal, nadie le obliga a presentarse en la hora siguiente a una llamada de teléfono.
- Llame a un abogado antes de ir, no cuando ya esté dentro. Esa media hora de conversación previa vale más que todo lo que yo pueda hacer una vez que usted está detenido.
- Ir acompañado no le hace sospechoso. Nadie ha sido condenado por ejercer un derecho.
Lo que puede contestar antes de colgar
«Muchas gracias. ¿Me puede decir para qué asunto es y en calidad de qué se me cita? Mi abogado le llamará para concretar día y hora.»
Es una frase educada, no le compromete a nada y no le hace parecer culpable. Y cambia la situación por completo: usted ya no entra solo ni sin saber a qué va.
La llamada es amable de verdad. La persona que llama no está mintiendo. Pero la amabilidad no es información, y usted está a punto de tomar una decisión sin ninguna.
Lo esencial
- Una invitación telefónica a «pasarse por comisaría» no le dice en calidad de qué va. Pregúntelo.
- Si la llamada es vaga, puede haber una detención esperando dentro. Vaya con abogado.
- En comisaría, sin haber visto el atestado, lo prudente casi siempre es no declarar. El silencio no es una confesión.
- Guardar silencio hoy no impide reconocer los hechos mañana, si es lo que conviene. La declaración improvisada no se puede borrar.
Si le acaban de llamar, llámeme antes de ir
Atiendo urgencias penales las 24 horas. Puede llamarme al 650 398 768 o escribir a hectorh@icav.es, y vemos juntos qué hay detrás de esa llamada antes de que usted cruce la puerta. En derecho penal explico cómo trabajo, y si la detención ya se ha producido, en «Firma aquí: la primera declaración del detenido» cuento qué ocurre en las horas siguientes.
Este artículo tiene finalidad divulgativa y no constituye asesoramiento jurídico. Cada supuesto exige un análisis individualizado.